miércoles, 18 de abril de 2012

Retiro emocional

Me pedíais que os contara mi experiencia descrita en el anterior post. La verdad, es algo que no he contado absolutamente nunca a nadie, porque para mí fue como desnudar mi alma ante muchas personas, que también hicieron lo mismo. Y es una experiencia única.

Como dije, me había pillado de pleno la crisis de los 40, pero ya venía desde los 36. Me había mudado a un país centroeuropeo por una de esas ofertas de empleo "irrechazables". Habían venido a por mí, me duplicaron el sueldo, me prometieron el oro y el moro, y en fín, viendo como estaba entonces las cosas del trabajo (parecido a como están ahora mismo, que no había empleo de calidad), me lié la manta a la cabeza y me fuí. Los primeros años fueron geniales, lo pasé excelente, encajé muy bien en el grupo de trabajo, y creo que fui feliz. Lo que pasa es que luego las cosas se fueron torciendo, tanto en el trabajo, donde empecé a tener una carga de trabajo bestial, y encima las cosas en casa se fueron deteriorando más y más.

En fin, que con ocasión de mi cumple, entre mi tía y mi madre me regalaron un fin de semana de terapia de grupo en una clínica especializada. Había mixtas y sólo de hombres, y yo elegí la de sólo hombres, porque creo que así iba a aprovecharlo más, con mujeres por medio seguramente no habría sacado tanto de mi.

El sitio estaba en un bosque, apartado de cualquier sitio, y aunque ir se me hizo muy raro, la verdad es que los psicólogos que guiaron el evento fueron muy inteligentes en saber abrirnos poco a poco. Era un frío y desapacible viernes de noviembre, y nos metieron en una habitación con chimenea para irnos conociendo y empezar a charlar. Todos se presentaron y fueron contando los motivos por los que habían decidido a ir allí. Que luego, durante la terapia, se vió que los motivos reales eran otros, pero al parecer, a todos nos encanta enmascarar nuestras verdaderas motivaciones.

Durante el finde, los psicologos nos hicieron hacer una serie de sesiones para ir desgranando nuestra forma de ser, de ver la vida, de como iban nuestras relaciones laborales, familiares y sexuales, cuales eran nuestros deseos más profundos e inconfesables, en fin, nos desnudamos emocionalmente 20 personas ante ellos y ante nosotros mismos. Y creedme, es una experiencia brutal. Primero porque no te imaginas ni de lejos que alguna vez en tu vida harías algo así, y por otra, porque ves como es la gente realmente, tras sus máscaras de apariencia. Había el casado que contaba que había llegado a un acuerdo con su mujer de vivir cada uno la vida por su cuenta, pero que en el fondo, odiaba ese acuerdo y anhelaba estar con ella. El marido que, viviendo en su casa, había sido echado literalmente del dormitorio común y vivía como un hermitaño en la buhardilla, el ex cura casado con una ex monja, que aun tras más de 20 años de haber tomado esa decisión, sufría emocionalmente por haber tenido que dejar su vocación, en fin ... las miserias humanas más fuertes que os podéis imaginar.

Yo descubrí dos cosas: el odio profundo que le expresaba a un familiar que me había hecho la vida imposible durante 5 años, abusando emocionalmente de su situación de superioridad en el rango familiar, lo cual llevó a que el psicólogo me hiciera aporrear un cojín gigantesco con una raqueta de tenis para descargar verbal y físicamente mi rabia sobre "él", y creedme, al parecer, la violencia de ambas cosas fue tal que se quedaron todos boquiabiertos (y que me sirvió para pasar página al respecto), y darme cuenta que aún amaba a mi mujer y que quería arreglarlo con ella.

Nos hicieron escribirles una carta a nuestras respectivas parejas, con la idea de mostrar nuestras verdaderas emociones. Creo que escribí la carta de amor más hermosa que he escrito en mi vida. Lamentablemente, no sirvió para que el témpano de hielo que tenía a mi lado se ablandase.

En fin, una experiencia muy enriquecedora, y que siempre llevaré en un huequito de mi corazón. Y que hoy, por primera vez, comparto con alguien. Os pido que, si comentáis algo, sea con cierto tacto, puesto que os he abierto un hueco por el cual poder hacerme daño, aun sin querer.

3 comentarios:

Kaoki dijo...

Poquito más que darte las gracias mientras con una sonrisa te digo que fuiste muy, muy valiente.

Porque poquita gente es capaz de enfrentarse a sus fantasmas, a pesar de que son compañeros de vida.

De nuevo, gracias por compartirte, no sólo lo que te ha ocurrido y ocurre, sino también todo tú.

Muxu bat

Celia dijo...

Gracias por compartir con nosotros tu experiencia.
Una gran experiencia que no me extraña que la guardes en tu corazón.

Un abrazo

belkis dijo...

Cuando alguien se abre como tú lo has hecho, sólo cabe sentirse agradecida y corresponder si se puede de la misma manera.
Yo necesitaría un retiro emocional, y lo digo en serio. Pero no me lo puedo permitir.
Espero que para cuando pueda no sea demasiado tarde.