lunes, 31 de octubre de 2011

Milagros

Realmente iba a seguir posteando entradas sobre mi proceso de aceptación de la realidad nueva, lo que pasa es que la semana pasada ocurrió algo que, sinceramente, todavía me tiene anonadado, por no decir otras palabras más fuertes.

Hace dos domingos mi ex se enteró por mis bichitos que empezaba a haber alguien en mi vida, y ni corta ni perezosa, me llamó para hablar de "un tema muy importante para los niños" ... me asusté, porque pensé que le podía haber pasado algo a un familiar suyo que está bastante mal, pero no, no era nada de eso.

Durante una conversación con su correspondiente paseo por un parque cercano al colegio de los niños, me fue relatando que nuestro mayor le había echado en cara que no me hubiera dado otra oportunidad, de que ella se sentía ahora culpable por haber roto la familia, que este verano había tenido tiempo para reflexionar, que reconocía se había equivocado al actuar como actuó ... y que si había manera de recomponer lo roto ....

Imaginaos mi cara de sorpresa! No entendía al principio nada, porque no lo dijo tan claro como lo estoy poniendo yo, si no que fue a lo largo de esa conversación, y de manera muy difusa y para mi, ininteligible, fue sacando el mensaje como el hilo de una madeja hecha un lío. Pero al final, entendí que quería ver si había alguna posibilidad de arreglar lo nuestros.

Un primer arrebato me pedía mandarla a donde la espalda pierde su nombre ... pero me contuve, ya sabes, soy demasiado racional en algunas cosas y por el bien de los bichos, entiendo que a veces es mejor no dejarse llevar por los arrebatos. Evidentemente, eso no tiene ya solución. Demasiados desencuentros, y no solo por aquello de haberse buscado otros brazos en los que consolarse, que eso le puede pasar a cualquiera, si no demasiados años ignorando el problema, enterrando la cabeza en la tierra cual avestruz, para no arreglar nada. Demasiados años de soledad en pareja, sintiendo que uno es un mero proveedor, pero no la persona a la que amar, acariciar, dar ternura ... demasiados desencuentros, demasiadas noches anhelando sus besos, sus caricias, su cuerpo, su amor ... demasiados gritos, tensiones, insultos .... no, definitivamente no tiene remedio. Ya no hay resentimiento, fui capaz de dejarlo atrás con ayuda de la psicóloga, pero desde luego amor ya no queda. A veces, ni cariño. Me resulta hasta molesto alguna que otra vez estar a su lado. Esta vez no fue así. Pude estar esas horas caminando y charlando sin problema. Quizás es una charla que deberíamos haber tenido hace mucho tiempo, pero que ninguno de los dos fue capaz de mantener. Por suerte o por desgracia, parece que es lo común en las parejas de hoy en día, visto lo visto con la cantidad de divorcios y separaciones que han habido, hay y habrá. Llega un momento en que tu pareja ya no es tu pareja, es la persona con la que luchas por el "poder", el del dinero, el de quien hace que con los niños, el que decide los gastos de la unidad familiar, el de quien tiene el mando a distancia de la TV, ... miles de cosas que son totalmente no importantes realmente, pero que te comen en el día a día. Te olvidas de cuidar a esa persona que te había enamorado, te olvidas de cuidarte a tí mismo, y te dejas engullir por el día a día. Hasta que el desencuentro es total y no tiene marcha atrás ... o sí, pero no eres capaz de verlo.

En fin, ese día ocurrió el milagro de poder volver a hablar con mi ex como persona, como no habíamos hablado hace años, sin echarnos en cara nada, si no sincerándonos, siendo cada uno, uno mismo.

Pero la vida sigue ... y yo ya estoy con mis pensamientos en otra persona que sí quiso compartir conmigo lo que ambos necesitábamos ..... será lo que tenga que ser, pero desde luego, no hay retorno.

2 comentarios:

Princesa dijo...

Todo eso anterior que has vivido, me suena tanto...

Siempre es bueno hablar, aunque después no tenga remedio, supongo que sin sentimientos de por medio, analizarlo todo es mucho más fácil.

Un beso.

toro solitario dijo...

Princesa, si te suena eso tanto ... intenta que te sirva para algo. Nada más me alegraría que mis vivencias sirvieran para que alguien no tuviera que pasar por ellas. Un sufrimiento menos. Me temo que, como todas las vivencias, no aprendemos hasta que nos ocurren en primera persona ... un beso.